Calentando motores...

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Calentando motores...

Mensaje  Alines el Miér 02 Dic 2015, 22:33

Chic@s, os ofrezco este relato escrito con todo mi cariño y que espero que os guste :

Un sueño por Navidad 

El día había amanecido gélido y el empedrado de las estrechas calles se veía helado en algunas zonas. No obstante eso no arredraba a la animosa anciana que, embutida en un viejo abrigo que había conocido tiempos mejores y armada con un gorro de lana que le cubría hasta las orejas, atravesaba rauda el pequeño pueblo. Con tal brío movía su cuerpecillo que al torcer una esquina a un paso estuvo de chocar con el párroco, tan madrugador como ella. 
Don Sebastián sonrió con ternura al tiempo que le evitaba una dolorosa caída aferrándole un brazo.


-¡Dichosos los ojos, Doña Virtudes! ¿A dónde va usted tan ligera de pies?


-¡ Ay, Padre! Disculpe usted...Voy camino del horno de Pedro, a recoger unas hogazas recién hechas para la cena de hoy. No las hay mejores en tres pueblos a la redonda.-afirmó la mujer con vehemencia. 


- Adivino que tiene usted visita, pues.- comentó el cura.


- Por fortuna así es, Padre. Y será mejor que me avíe, porque ya voy tarde. ¡ Buenos días! 


Don Sebastián la observó alejarse, bamboleante bajo el peso de la edad. Le alegraba que la viejecilla estuviese acompañada en tan señaladas fechas. La vida no era fácil en un pueblecillo que había visto drásticamente reducida su población en aras del progreso en la gran ciudad. Ya tan sólo quedaban cuatro familias y el resto eran personas de avanzada edad que habían elegido convivir con sus recuerdos. 


Doña Virtudes había enviudado un par de años antes y, pese a los intentos de su hijo de llevársela con él a la ciudad, la anciana se había negado a abandonar su hogar. Tal y como le había confesado al párroco,  se sentía incapaz de alejarse de su antiquísima casa, tan atrotinada como ella misma. En su cama había amado y había sido amada por el mejor compañero que jamás hubiese podido tener. Sus arrugadas manos aún recordaban el tacto de aquella piel y su boca retenía el sabor de aquellos  besos...Temía que, si se marchaba, esos recuerdos morirían huérfanos de su memoria.


Por eso los ancianos como Virtudes permanecían en el pueblo, resistiéndose a abandonar el único lugar en el que su vida aún tenía sentido.
Pero hoy era Nochebuena y Virtudes tenía visita. Hoy más que nunca todo iba a estar bien.
 
El eco de los pasos de la mujer se perdían en la mañana y el párroco sonrió, acariciándose el mentón y, quedamente, musitó una breve oración. "Señor, haz de ésta la mejor noche para tu hija Virtudes. Amén. "


La anciana llegó al fin a su vieja casona, acompañada por los crujidos de sus cansadas articulaciones y de las humeantes hogazas. Colocó las segundas sobre la mesa y decidió no hacer caso de las primeras. A fin de cuentas, llevaban años quejándose y esta noche no iba a permitir que se la amargaran. Con fuerzas renovadas encendió el fuego del hogar, mudó camas y aireó las mantas destinadas a su hijo,su nuera y su nietecillo. El pequeño Jaime...¡tenía tantas ganas de verle! Seguro que habría dado un estirón. Recordó que las pasadas navidades hubo que colocar un cojín en la silla para sentarle a la mesa. 


Suspiró, mas hizo un esfuerzo para alejar la melancolía que pujaba por abrirse paso en su mente. Las dos últimas Navidades el recuerdo del esposo las había teñido de añoranza, pero esta vez Virtudes estaba decidida a disfrutar como nunca de su pequeña familia. 


El aroma de la cena preparada inundaba la estancia y el hermoso mantel de lino de las ocasiones especiales vestía la mesa.


Había llegado el momento que siempre había sido mágico en vida de su querido Martín. Subió con precaución a la buhardilla y pasó la temblorosa mano por la superficie del baúl y, al retirar el polvo acumulado, conjuró la magia para desvanecer la pena. Con infinito cuidado abrió el cofre en el que conservaba el Nacimiento y, con trémula suavidad, tomó la figurilla de la Virgen. Sentía por ella un cariño especial, pues desde siempre la mirada que la figura le dirigía al NIño la transportaba a un tiempo en el que también ella se había perdido en los ojos de su bebé...


No hay mejor sonido para una madre que la risa de un hijo, y el pequeño Jesús de su Nacimiento reía en su cuna arropado por la mirada de la Virgen del mismo modo en que el pequeño Ricardo lo hacía en la memoria de Virtudes. Risas que daban calor a su alma en frías noches como la de esta Nochebuena. 


Abrazó el cofre con cautela y descendió trabajosamente las angostas escaleras mientras tomaba nota de que debía buscar otro lugar para guardarlo, porque cada año estaba más torpe y llegaría el dia en que no pudiera subir a la buhardilla. 


Una vez en el salón no tuvo que pensar dónde situar el pesebre. Su sitio estaba adjudicado desde siempre. La repisa de la chimenea fue la escogida por el añorado esposo y Virtudes no cambiaría esa ubicación aunque el corazón doliese mientras lo colocaba.


Tras acomodar a la Sagrada Familia, Virtudes reposó sus cansados huesos en la mecedora y se cubrió con una de las aireadas mantas. Ahora sólo quedaba esperar.... Y esperar...Y esperar...


Anochecía  y tal vez empezaba a ser demasiado tarde ya...


¿Se habrían olvidado de ella?


                                *************************


El tráfico de la ciudad era desesperante.  Todo el mundo dirigiéndose con prisas a todas partes o a ninguna. ¡ Y la noche aún no había hecho más que empezar! Aún debía llegar a casa y cargar familia y maletas para conducir hasta el pequeño pueblo en que había nacido.


Se le había echado el tiempo encima y, por un breve instante, estuvo tentado de llamar para excusarse y así evitarse el viaje.  Pero a su mente acudió la amorosa mirada de su madre y, resignado, encaró el camino a casa. Su esposa y Jaime ya le esperaban. Y, como cada año, una viejecilla los aguardaba con ilusión. 


                         *****************************


Nevaba en el salón.  Era algo insólito e inexplicable y Virtudes abrió aún más sus cansados ojos velados por la vejez. Por un instante temió que su vista empeoraba, pero los copos se adherían a la manta y se licuaban al momento. Con asombro constató que la nevada no afectaba a toda la alcoba. Por inaudito que resultase,  los copos de nieve arreciaban sobre la repisa de la chimenea y desde allí escapaban al resto del salón. 


Virtudes pidió permiso a sus rodillas para incorporarse y con pasos inseguros se acercó a la chimenea. El calor del hogar en profundo contraste con la nevada había creado un pequeño charco a sus pies. Puso especial cuidado en no resbalar, pero continuó aproximándose. Cuando pudo finalmente observar de cerca el pesebre, tuvo que frotarse los ojos antes de dar crédito a lo que estos le mostraban. ¡En él las figuras parecían haber cobrado vida!


El pequeño ángel de la anunciación batía sus blancas alas sobre el portal en el que José avivaba el escaso fuego que les alumbraba mientras María amamantaba al Niño. Virtudes sacudió incrédula su cabeza. ¡Al parecer ahora encima empezaba a chochear! Pero por más que se negaba a creer lo que sus asombrados ojos le mostraban, las figurillas seguían moviéndose animadas por un alma que, instantes atrás, no tenían. Contuvo el aliento asustada de hablar por no romper el hechizo.


El Niño, de nuevo en la cuna, balbuceaba risueño y ahíto de pecho, mientras extendía sus minúsculas manos hacia Virtudes. Y, sin pensarlo, el deseo de abrazar al pequeño contra su seno se abrió camino en su alma y la anciana extendió sus brazos.


                              **********************


La helada carretera hacía difícil la conducción. Ambos esposos se turnaban al volante para mantener la atención y no acelerar en exceso. Sonaban las campanas de la iglesia cuando al fin vislumbraron el pueblo en el que una mujer solitaria les esperaba.  Tañeron doce veces y Jaime, adormilado la mayor parte del camino,se despabiló ahora y, como si ella fuese capaz de escucharle, gritó:


-¡ Ya llegamos,  abuela!


                        **********************


Ya no era más Virtudes. Contempló atónita sus ahora tersas manos, extendidas hacia el pequeño. El Niño tomó uno de sus largos dedos entre sus manitas y para Virtudes resultó tan irresistible que lo alzó en sus brazos y lo abrazó. La corriente de amor que atravesó su alma fue tan intensa que su cuerpo de figurilla se estremeció.


Él lo era todo. Pasado, presente, futuro...Era su hijo y su nieto. Era la vida entera en aquella sonrisa...


Besó sus mejillas con ternura y en ese instante retumbó en sus oídos Su voz sin sonido,  sorprendentemente parecida  a la de Ricardo :  "Vendré... Sabes que Yo siempre llego por Navidad ."


                            *********************


La anciana abrió los ojos sobresaltada. No nevaba en la habitación y las figurillas permanecían quietas y silenciosas allí donde ella las había colocado, pero...tal vez ahora Jesús tenía sus manos completamente extendidas hacia su madre.


El sonido de un cláxon la sobresaltó y el corazón brincó en su pecho. Para cuando sus agotadas extremidades la llevaron hasta la puerta, ésta ya se estaba abriendo y el pequeño Jaime corría a su encuentro. En el exterior unos blancos copos de nieve empezaban a caer con suavidad.


Sonrió agradecida. ¡Había llegado la Navidad!


(A. N. S.    Barcelona, 1 de diciembre de 2015)

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Re: Calentando motores...

Mensaje  Atenea el Miér 02 Dic 2015, 23:48



Ya veo de quién ha heredado su talento creativo la pequeña Inés...  Guiño  ¡Enhorabuena!  Bravo  Mil gracias por compartirlo.

A mí no me gusta especialmente la Navidad (aunque disfruto con la ilusión de mis hijos, que han salido tan navideños como su padre Feliz ), pero es cierto que puede ser la oportunidad perfecta para reunirnos con aquellos a quienes amamos...

Un abrazo grande.

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Re: Calentando motores...

Mensaje  Alfonsina el Jue 03 Dic 2015, 13:12

Es bellísimo Almu, realmente la Navidad cobra otro significado leyendo una historia como esta.

Un gran abrazo, Romina

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